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jueves, 1 de noviembre de 2012

El amor y la estupidez del destino.


¿Cómo puede terminarse una relación, cuando dos se aman?
Eso preguntaba un muchacho en el bar la otra noche.
Yo recién había pedido un whisky, él necesitaba un cigarrillo, así que en la barra decidí ser amigo esa noche, sabiendo que después nunca más lo vería

            Su historia de amor no variaba mucho de cualquier historia que podemos haber pasado cualquiera de nosotros, lo que me llamo realmente la atención fue su forma de narrarla y el brillo de sus ojos al hablar de ella. Según él, mientras dejaba mi atado de cigarrillos en el mostrador para que el dispusiera, ella tenía los ojos más lindos que alguna vez había visto, su pelo enrulado era la continuación del horizonte reflejado en su mirada inocente, sus labios finos descargaban pasión en cada beso. Pero lo más lindo de ella no era sus belleza, sino su ser que a pesar de haber sufrido mucho irradiaba paz a los que la rodeaban.
            Nunca había creído en el amor a primera vista, hasta que la conoció, “fue un flash”, me decía, siempre escéptico a todas las bobadas del amor ella le hizo caer un montón de estúpidas barreras, su amada también rompió con muchos esquemas pre fijados, tal vez por ello la relación de ellos la vivieron con una gran intensidad, y por esa intensidad que los perdió en la trampa de la vida de dos, es que ponía el muchacho una de las principales razones de que acabara su historia con quien definía incansablemente, mientras dejaba caer las lágrimas de sus ojos, como “el amor de su vida”. Además se culpaba hasta la exageración de no haber estado a la altura de la circunstancia, que la perdió por inmadurez en su forma de ser.
El dueño del bar llenaba mi vaso y le abría a él una cerveza; yo le decía que nunca la culpa es de uno solo, cuando las cosas llegan a su fin siempre es por los dos; él me miro, se rio un poco y me dijo, “don, no se gaste en consejos tontos, que ya me los he dicho yo mismo”, ahí me convencí que mi tarea era solo la de escuchar.
“Por primera vez en mi vida use el corazón, ella por miedo a volver a sufrí puso la razón” me comentaba, y es ahí me parece que en realidad estaba la razón de que estuviera ese joven en un bar bebiendo y hablando con un desconocido. Vaya a saber porque razón que el universo cruzo en su cabeza fue que a partir de ahí su desesperanza se convirtió en ilusión, “ella me quiere, yo sé que me quiere y si bien entre nosotros hubo un punto estoy convencido que es solo un punto y aparte, lejos estamos del punto final”, creo que es cuestión de que ella crea un poquito más en su corazón y yo tendré que dejarme de infantilidades, sentencio.

            Del bar se fue radiante y lleno de vida, convencido que estaban destinados a estar juntos.
            Además de su pregunta, hay otra cosa que me quedo, cuando yéndose me dijo “alguna vez en su vida logre que salga el sol, bueno tengo que volver a poder que en este huracán se abra el sol”. Y si aún me quiere lo voy a lograr. Y así se fue el muchacho con más ilusiones que certezas, y así se fue mi amigo de un par de horas en busca de un amor que probablemente ya no existía.


            ¿Cómo puede terminarse una relación, cuando dos se aman?
            Y la respuesta es tan sencilla. El destino.

            Unos tres o cuatro días después mi hija mayor me dice “Pa´ Me voy a acompañar a una amiga esta noche porque murió su novio y no quiere pasar sola la noche”, y mi mente en lo primero que se cruzo fue el muchacho que había estado conversando conmigo en el bar, y como estúpido no le había preguntado el nombre aquella noche, así que por más que preguntara quien era no iba a saber si era aquel muchacho, pero estaba tan seguro que si era.
¿Cómo fue?, pregunte con miedo a que me dijera que se había suicidado, aunque no lo creía posible, ese chico se fue lleno de esperanza esa noche, aunque a veces de la alegría se puede pasar a la angustia total en un instante, pero además más allá de su tristeza no se notaba de ninguna manera que estuviera pensando en algo tan extremo, aunque esas determinaciones no suelen decirse cuando la decisión ya está tomada. Sentí un gran alivio y desaparición de una culpa incomprensible cuando me dijo que había tenido un accidente.
            El destino me apareció como respuesta cuando mi hija me conto la forma en que murió, que manera estúpida de morir, probablemente como estúpido puede ser el amor. El muchacho la mañana siguiente a nuestra conversación, se dirigía efectivamente a la casa de su amor, tal cual como me lo había asegurado la noche anterior, lloviznaba lo suficiente como para mojar la calle, en la esquina de la casa de su amada fue a cruzar de vereda, fue a saltar un charquito y al caer su pie de apoyo resbalo, y cayo, dando la cabeza en el cordón de la vereda, murió automáticamente y junto a él quedo sentado mirándolo con cara tierna un pequeño peluche que le llevaba de regalo a ella.

            Hoy, cuando llegue al bar por la tarde antes de juntarme con ustedes, en la misma banqueta donde había estado sentado el muchacho encontré una muchacha desgarrada de tristeza, y supe que era ella y confirme que el muchacho era quien había muerto. Me acerque y no pude decirle nada, pero ella noto en mi cara con fulgida todo lo que lo sentía y el dolor que me causaba la muerte de aquel muchacho, me abrazo como si me conociera de toda la vida, como si supiera que yo fui una de las últimas personas que hablo con él, y sollosamente me dijo, “era el amor de mi vida”.

omar Criador.

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